POR NELSON ABRÉU

CICLONOTICIAS.NET

La existencia es una gracia que recibimos, no una propiedad que podamos reclamar como absoluta.

Todo cuanto somos y cuanto poseemos constituye una responsabilidad de administración: nuestro cuerpo, nuestra inteligencia, nuestros pensamientos, nuestros afectos, nuestros bienes materiales, nuestras capacidades y el tiempo que nos ha sido concedido.

La enseñanza de Jesús nos invita a comprender que no somos propietarios definitivos, sino administradores de aquello que nos ha sido confiado.

Administrar no significa simplemente conservar, acumular o disponer de las cosas. Significa reconocer su valor, comprender su propósito y utilizarlas con sabiduría, responsabilidad y discernimiento.

La inteligencia es una riqueza cuando se pone al servicio del bien; la palabra es una facultad cuando transmite respeto; los bienes materiales adquieren sentido cuando contribuyen a la dignidad y al bienestar; y el amor encuentra su verdadera expresión cuando se manifiesta sin pretensiones de posesión.

La parábola del administrador nos deja también una observación profunda: los hijos de este mundo despliegan astucia para resolver sus asuntos materiales; sin embargo, quienes buscan vivir desde la luz están llamados a desarrollar una inteligencia acompañada de integridad, conciencia y responsabilidad.

No basta con tener capacidades; hay que saber administrarlas. No basta con recibir; hay que saber corresponder. No basta con existir; hay que aprender a atravesar la existencia con discernimiento.

Cada amanecer representa una nueva oportunidad de administrar la gracia, cuidar el cuerpo, respetar la vida, compartir lo que podemos, cumplir nuestros compromisos, reconocer nuestras limitaciones y agradecer aquello que no depende exclusivamente de nuestro esfuerzo.

La verdadera riqueza no se encuentra únicamente en lo que acumulamos, sino también en lo que somos capaces de transformar en bienestar para los demás.

Por eso, nuestra mayor responsabilidad no consiste en ser dueños del tiempo, de las circunstancias o de la vida, sino en responder dignamente por aquello que durante nuestra encarnación nos ha sido confiado.

La gracia nos concede la existencia; el discernimiento orienta nuestra administración y nuestros actos revelan cómo hemos correspondido a lo recibido.

Dios, gracia, otorgame tu discernimiento para no confundir posesión con pertenencia, inteligencia con sabiduría ni riqueza con acumulación. Que seamos buenos administradores de esta oportunidad de existir.

El autor es Licenciado en Derecho

Reside en Bonao