Por OSVALDO SPERATTI

CICLONOTICIASNET

Imaginen la siguiente situación: alguien del extranjero los visita y, en su propia casa, profiere insultos contra ustedes y sus familiares.

Eso fue precisamente lo que hizo el presidente argentino, Javier Milei, durante su visita a São Paulo el pasado sábado 25, cuando participó en la convención del ultraderechista Partido Liberal (PL) para lanzar oficialmente la candidatura de Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a la presidencia en las elecciones de octubre. 

Cabe recordar que Jair Bolsonaro se encuentra encarcelado, condenado a 27 años y tres meses de prisión por los siguientes delitos: organización criminal armada, intento de abolición violenta del Estado de Derecho y golpe de Estado. En esa ocasión, en su discurso, Milei calificó al actual presidente brasileño, Lula, de “prisionero”. Por si fuera poco, también insultó al magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Brasil, Alexandre de Moraes, llamándolo “calvo basura”.

Independientemente de las diferencias ideológicas entre estos gobiernos, propias de las democracias, los ataques personales contra las autoridades del país anfitrión violan el principio fundamental de las relaciones internacionales. 

Brasil es el principal socio comercial de Argentina, y Argentina, a su vez, es el tercer socio comercial más importante de Brasil. La situación se torna preocupante cuando los ataques motivados por diferencias políticas trascienden la diplomacia y debilitan las relaciones. El ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, convocó al embajador argentino en Brasil para exigir explicaciones. Todo ello por vía diplomática. La pregunta crucial es: ¿Se ofrecerá una disculpa?

El autor es periodista y publicista

Nativo de Brasil

Reside en Estados Unidos

Julio 28, 2026