Celia Salmerón nunca había votado por un republicano. Hasta 2024. Entonces, en las elecciones presidenciales se convirtió en una de tantos votantes latinos que creyeron a Donald Trump cuando promulgaba en cada mítin que iba a deportar a todos los criminales y a mejorar la economía.

Dos años después de que le diera su apoyo, Salmerón, como tantos otros electores hispanos, se ha arrepentido de su decisión y votará por el Partido Demócrata en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. “Por todo lo que anda haciendo con la pobre gente, separando a padres de sus hijos”, explica mientras se inserta extensiones de cabello.

No hay más clientes en su pequeño salón de belleza de un centro comercial del condado de Montgomery, Maryland, porque la mayoría de los que tenía tuvieron que marcharse o fueron deportados. “Desde que él entró, todo mi negocio se vino abajo porque yo trabajo con gente que no tiene papeles. Ahora la gente no sale, el negocio bajó, yo no tengo ni para pagar la renta de mi casa”, lamenta Salmerón, que nació en El Salvador, pero lleva 40 de sus 56 años en Estados Unidos.

Su modesto negocio se ubica en Hyattsville, uno de los barrios donde gran parte de la población es latina. En el centro comercial La Unión, el idioma que predomina es el español y se pueden adquirir cosméticos, fármacos, dulces, ropa, accesorios y otros productos latinoamericanos que no se encuentran en las cadenas estadounidenses.

La zona se ha visto muy afectada por la política migratoria de la Administración Trump y la esperanza que el republicano les consiguió inyectar hace unos años se ha convertido en decepción. “Yo creo que a Trump se le metió el diablo. Todo eso que está haciendo es obra del diablo”, insiste.

En el mismo recinto, el también salvadoreño José Flores tiene un negocio donde ofrece jugos naturales, frutas regadas con salsa picante, esquites y otras delicias típicas de la gastronomía latinoamericana. Hace dos años se mostraba convencido de que Trump era el mejor candidato porque iba a expulsar a los delincuentes y mejorar la economía. El discurso republicano fue todo un éxito entre su comunidad, que se dio de bruces con una realidad distinta. Ni la economía ha mejorado ni son delincuentes la mayoría de los deportados.

Flores es uno de los que lamentan haberle creído y haber contribuido a la persecución que sufre su comunidad. “Me siento culpable, la verdad”, confiesa.

Flores, que también es dueño de un negocio de aire acondicionado, es de los pocos latinos que admiten que económicamente les ha ido bien en los últimos dos años. No está seguro de que se deba a la gestión del Gobierno, pero reconoce que ha tenido más trabajo. Sin embargo, la prosperidad de su negocio no compensa para él el sufrimiento que ve en su comunidad y esta vez votará por los demócratas.

“Yo estoy de acuerdo con que saquen a los criminales, pero no a gente que en verdad se dedica a trabajar. Y me da cólera porque veo que los que deberían estar presos no lo están”, explica.

Calcula que al menos 10 personas de su entorno han sido detenidas o deportadas. Uno de sus empleados es un salvadoreño beneficiario del Estatus de Protección Temporal (TPS), un programa que permitía la obtención de permiso de trabajo y que la Administración ha cancelado para al menos 13 países. El TPS de El Salvador venció el pasado 9 de septiembre, pero la Administración no se ha pronunciado al respecto, dejando a 170.000 salvadoreños en el limbo. “Es una persona que nunca ha tenido problemas, que siempre ha pagado sus impuestos, muy trabajador. Personas como él deberían tener un permiso de residencia”, opina.