POR ELVYS RUIZ

CICLONOTICAS.NET

Rara vez los amantes de la literatura acuden a las librerías o bibliotecas en busca de una obra de teatro para leer. La novela y el cuento suelen ocupar ese espacio de preferencia. Quienes nos dedicamos a la actividad teatral sabemos, además, que el texto dramático encuentra su plena realización en la escena. Sin embargo, la dramaturgia de Frank Disla permite apreciar ambas dimensiones: su teatro puede disfrutarse tanto desde la lectura como desde la representación.

Esto resulta particularmente evidente en “Un Romance Andaluz”, obra que se presenta del 25 al 27 de septiembre en The Village Theatre, como parte de la programación del 6to. Festival Internacional de Teatro Hispanoamericano de Rhode Island. La pieza revela una dramaturgia sólida, cuidadosamente estructurada y de considerable riqueza literaria, que merece ser leída con la misma atención con la que se contempla sobre el escenario.

Este unipersonal, escrito y dirigido por Frank Disla y protagonizado por el destacado actor dominicano Fernando Castillo, plantea desde el comienzo un importante desafío actoral. Castillo interpreta catorce personajes con historias, voces y cargas emocionales diferentes. Cada uno exige una construcción particular en la importación de la voz, la vocalización, los ademanes, el ritmo, la psicología y la manera de relacionarse con el público. Mantener la identidad de cada personaje dentro de una misma interpretación requiere una considerable experiencia y un dominio preciso de los recursos escénicos.

A ello se suma la exigencia de una obra de aproximadamente una hora y media, con una elevada carga textual y un lenguaje particularmente elaborado. Castillo enfrenta un extenso trabajo de memorización y, al mismo tiempo, debe transitar por un texto rico en imágenes, referencias y reflexiones filosóficas y antropológicas sobre la existencia humana y los efectos de la guerra.

Frank Disla asume en la obra una posición claramente antibélica. Su mirada sobre la guerra la presenta como una construcción humana vinculada al poder y a intereses que suelen quedar distantes de quienes finalmente combaten y sufren sus consecuencias.

Desde la antropología, la guerra también ha sido estudiada como una construcción social capaz de ser legitimada y utilizada para establecer, reproducir o preservar relaciones de poder. Una de las preguntas que surge de esta perspectiva es particularmente inquietante: ¿cómo consigue una sociedad que personas comunes acepten matar o morir por una causa que les ha sido presentada como necesaria? En Un romance andaluz, esa pregunta atraviesa la experiencia de los personajes y adquiere una dimensión profundamente humana.

Una escena marcada por la guerra

La acción comienza en un teatro destruido por las bombas, todavía humeante. Allí aparece un actor herido y chamuscado que recibe al público y lo invita a “disfrutar” de la obra. Muy pronto comprendemos que estamos ante una experiencia escénica perturbadora, en la que el teatro se convierte en el espacio desde donde se reconstruyen las huellas humanas de la guerra.

A través de testimonios desgarradores inspirados en experiencias reales de excombatientes de distintos conflictos bélicos, incluida la de un soldado dominicano enviado a Irak, la obra nos acerca al drama existencial de hombres y mujeres colocados frente a situaciones extremas, donde matar o morir puede convertirse en parte de la vida cotidiana.

Los catorce personajes interpretados por Fernando Castillo presentan historias que no necesariamente mantienen una continuidad narrativa entre sí. La dramaturgia los reúne dentro de una estructura que incorpora la historia de Abelardo y Eloísa y establece un diálogo con la música del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. Estos elementos construyen un universo teatral en el que el amor, la memoria, la violencia, la muerte y la condición humana se entrelazan.

La obra ofrece, de este modo, una experiencia cultural que trasciende el entretenimiento. Sus testimonios sobre los efectos de la guerra en quienes participaron directamente en ella abren un espacio para la reflexión sobre la fragilidad de la vida, las decisiones humanas y las consecuencias que permanecen mucho después de que terminan los conflictos.

Como señala su propio autor, Un romance andaluz encuentra una de sus fuentes de inspiración en el Libro del Apocalipsis. Las siete trompetas del Apocalipsis aparecen como una referencia simbólica de gran fuerza: anuncian sucesivamente catástrofes, juicios y transformaciones que conducen hacia el enfrentamiento final entre las fuerzas del bien y del mal. En la obra, esta imagen bíblica adquiere nuevas resonancias frente a la experiencia concreta de la guerra y sus devastadoras consecuencias.

Una obra que permanece vigente

La relevancia de Un romance andaluz no se limita al momento histórico en que fue escrita. Su reflexión sobre la guerra, el poder, el amor y la condición humana mantiene una vigencia particular en nuestro tiempo, cuando numerosos conflictos armados continúan afectando a poblaciones enteras y dejando profundas consecuencias sociales y personales.

La obra fue galardonada en 2015 con el Premio Letras de Ultramar, en la categoría de Teatro, otorgado por el Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos. Su presencia ahora en Rhode Island permite que nuevas audiencias entren en contacto con una dramaturgia dominicana que aborda asuntos universales desde una perspectiva profundamente vinculada con la experiencia humana.

Un romance andaluz nos recuerda que el teatro también puede ser un espacio para formular preguntas difíciles, conservar testimonios y confrontarnos con realidades que con frecuencia preferimos mantener fuera de nuestra mirada cotidiana. Mientras la construcción de sociedades más pacíficas continúe siendo una tarea pendiente, esta obra seguirá encontrando razones para ser escuchada, leída y representada.

Felicitamos a la agrupación teatral Oneiros – Hecho de Sueños por asumir el estreno mundial de esta obra y presentarla como parte de la apertura del 6to Festival Internacional de Teatro Hispanoamericano de Rhode Island. Su llegada a The Village Theatre representa también una oportunidad para acercar al público de Rhode Island a una propuesta dramatúrgica dominicana de notable riqueza literaria, teatral y reflexiva.

Foto y Escenografía: Miguel A. Herrera     

Producción general: Jackie Gómez

Asistente de producción: Frank Cabrera