Por VITERBO MARTÍNEZ
En la histórica marcha del 5 de mayo de 1989, tomé la firme decisión de apoyar los reclamos del pueblo. Lo hice siendo gobernador de la provincia Monseñor Nouel, plenamente consciente del enorme riesgo político que corría, especialmente frente a un mandatario de la estirpe y el carácter del doctor Joaquín Balaguer.
Para ese entonces, mi visión sobre la defensa de Bonao era clara y urgente: la salud de nuestra gente se deterioraba gravemente por los efectos de la contaminación minera, y la falta de recursos para resolver las necesidades más apremiantes de la provincia superaba cualquier lealtad partidaria o burocrática.
Incluso, en el Palacio Nacional se llegó a recomendar mi destitución inmediata; sin embargo, el presidente Balaguer — hombre de indudable astucia e inteligencia política — ignoró la sugerencia. Él estaba consciente de que la provincia Monseñor Nouel y sus habitantes exigían reclamos totalmente justos a la empresa Falconbridge.
Es preciso destacar que mi firme apoyo a todos los nouelenses dio frutos históricos. Como consecuencia de esa lucha, en 1994 el mandatario dominicano tomó la iniciativa de transferir a la provincia los beneficios de las acciones de la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE) en Falconbridge. Aquellas acciones, irónicamente, se originaron en su mayoría por las negociaciones que ejecutó Rafael Leónidas Trujillo Molina en 1958 con los terrenos propiedad de mi padre, pero años más tarde, me tocó administrar esos recursos junto a otros munícipes, haciéndolo siempre con absoluta transparencia y honestidad.
El costo personal de esta lucha fue alto. Llegó un momento en que debí trasladar mi residencia a Santo Domingo debido a graves problemas respiratorios. Cuando visitaba a los médicos, la primera pregunta era obligatoria: “¿Usted fuma?”. A lo que yo respondía: “Cigarrillos no, pero pasé más de cincuenta años fumándome las chimeneas contaminantes de Falconbridge”.
Por otra parte, respecto al debate histórico sobre los apagones, es fundamental aclarar que nunca me opuse a la construcción del recordado proyecto hidroeléctrico, mal llamado por algunos "el túnel de la muerte". Esta obra contaba con los fondos disponibles, provenientes de un sobrante del préstamo del proyecto Río Blanco; sin embargo, se suspendió debido a la presión de sectores comunistas de Bonao, quienes alegaban, sin conocimiento de causa ni base científica, que dicho túnel secaría las aguas y los arroyos de la montaña. Olvidaban que el proyecto Río Blanco, enclavado en el centro de las lomas, opera con más de nueve kilómetros de túneles sin haber dañado jamás esa cuenca hidrográfica.
Cuando nos reuníamos a discutir el problema, mi posición siempre fue invariable: permitir la construcción de la hidroeléctrica para generar 15,000 kilovatios. Eso sí, mi reclamo principal era que dicha energía se entregara de manera exclusiva a nuestra provincia. Además, las aguas de Río Blanco reforzarían el cauce del río Masipedro para fortalecer la deficitaria presa de Rincón y disminuirían el caudal del destructivo río Yuna, el cual devasta cada año grandes extensiones de terrenos fértiles.
Esto también habría optimizado la presa de Hatillo, que actualmente desperdicia alrededor del 35% de sus aguas a través del vertedero. El tiempo me dio la razón: en el Proyecto Hidroeléctrico Pinalito, entre las comunidades de Blanco y Constanza, se construyeron más de 15 kilómetros de túneles y tampoco se han registrado daños en los acuíferos de la alta montaña.
Lamentablemente, la miopía y la falta de visión de la mayoría de los funcionarios gubernamentales impidieron soluciones mayores. Un ejemplo claro fue la planta eléctrica instalada en Loma La Peguera. Para 1970, esta planta generaba por sí sola más energía que todo el sistema de la entonces Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), pero al estar interconectada al sistema nacional, era apagada posteriormente debido a su alto consumo de combustible. Lo correcto era evaluar su reconversión tecnológica, tal como se hizo con la planta de San Pedro de Macorís, ya que esta infraestructura contaba con tres generadores de 66,000 kilovatios cada uno, capaces de suplir con creces la energía de las plantas del sistema que sufrían averías de forma regular.
Finalmente, es justo señalar que si las propuestas que planteamos con total sensatez en aquellos años se hubiesen puesto en marcha, hoy, en pleno siglo XXI — al filo de la modernidad, la tecnología y la inteligencia artificial —, la provincia Monseñor Nouel no estaría padeciendo por la falta de servicios eficientes de agua y energía eléctrica.
El autor es empresario y ganadero
Reside en Bonao, prov. Monseñor Nouel
Julio 13, 2026
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