La inteligencia desde mi punto de vista

Por DAVID PEGUERO

CICLONOTICIAS.NET

En mis años escolares, la inteligencia se definía por una calificación alta, es decir, un promedio superior a 90, rozando los 100 puntos. Si un estudiante se mantenía entre 70 y 80, era considerado "promedio", mientras que, si oscilaba entre 60 y 70, se le etiquetaba por no ser ofensivo de manera mediocre. Hoy en día, la inteligencia se mide de otra forma: se valora más a quien tiene el coraje de emprender un proyecto sin miedo al fracaso.

Conozco a muchos compañeros que fueron los mejores de la clase y, sin embargo, en la actualidad no ejercen ninguna profesión, no fueron a la universidad y llevan vidas desorganizadas. Siempre me hice la misma pregunta: ¿A qué se debió esto? Muchos de ellos tenían todas las oportunidades: venían de buenas familias, podían viajar a otros países y conocer diversas culturas. Se sabe que ampliar el horizonte cultural incrementa el conocimiento exponencialmente, pero, a pesar de ello, gran parte no terminó sus estudios superiores.

Siempre escuché a mi madre decir que "la necesidad tiene cara de hereje". Aunque nunca entendí bien el término, siempre interpreté que quería decir que la necesidad es la madre de la inventiva. Por esta razón, quien tiene carencias suele tener más empeño por salir adelante. Aquel que no nació con las mayores facilidades se pone a prueba, hace sacrificios y asume el riesgo de esforzarse en una carrera para tener herramientas con las que defenderse en la vida. Esto, por supuesto, no es una regla absoluta; también conozco compañeros de esa época que hoy son excelentes profesionales.

Esta inquietud surge al observar que los estudiantes más brillantes de mi colegio no lograron metas profesionales. Me gustaría saber si esto es un patrón común en otras experiencias. ¿Qué opinan ustedes? Los invito a compartir sus reflexiones.

Cualquier persona que quiera aprovechar los métodos de aprendizaje actuales puede explotar su potencial al máximo. Existen quienes aprenden mejor leyendo libros, otros mediante recursos audiovisuales y otros a través de la práctica; no obstante, todos estos métodos comparten un punto común: la repetición constante de la tarea que se desea dominar.

Un método muy efectivo es el audiolibro. Esta forma moderna permite captar ideas con rapidez; muchas personas que suelen escuchar música podrían sustituir ese tiempo por un audiolibro. Mientras conducimos o viajamos en autobús, podemos aprender una teoría nueva. Si la repites, te aseguro que tu cerebro la asimilará como si fuera la letra de una canción. Pero, sin importar el método que apliques, hay un denominador común: prestar atención.

La inteligencia actual es tan diversa que incluso existe la artificial. Ya nadie recuerda los números de teléfono de sus familiares, pues para eso tenemos teléfonos inteligentes; incluso nos conectamos con el mundo entero a través de una pantalla. Existen hasta semáforos inteligentes, aunque todavía hay personas que cruzan en rojo, y eso, claramente, no es un acto de inteligencia.

No quiero dejar de mencionar la inteligencia emocional, que no es otra cosa que saber evitar decisiones apresuradas que puedan perjudicarnos, o tomar acciones que siempre beneficie nuestro crecimiento.

En conclusión, quiero resaltar que la inteligencia ya no es solo una buena nota en la escuela. La inteligencia se mide según tu desenvolvimiento en la vida, en los negocios, en el trabajo y en el ámbito familiar. Aprovecha la capacidad que tienes, multiplícala con todas las herramientas que nos brinda esta era tecnológica y crecerás intelectualmente. Al final del día, ser inteligente es saber usar los recursos que te tocaron de manera sabia, buscando siempre tu beneficio y el de los demás, sin hacer daño a nadie.