POR MARINO BÁEZ 

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El devenir histórico de la cultura en la provincia Monseñor Nouel guarda una profunda y compleja paradoja que el tiempo no ha podido borrar. En la década de 1940, bajo el yugo de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina y el pensamiento tutelar de su hermano, José Arismendy Trujillo (Petán), Bonao se convirtió en el epicentro de un fenómeno artístico sin precedentes. A pesar del clima de opresión y terror que caracterizó al régimen, la inauguración de la emisora La Voz del Yuna, en 1942, funcionó como un oasis de creatividad que “alimentó” el alma de una nación sedienta de expresión.

Aquel anfiteatro de la estación radial no era un simple estudio de transmisión, sino una verdadera academia de renombre continental, en razón de que sobre sus tablas se enarboló la cultura dominicana e internacional a través de la puesta en escena de los más excelsos artistas de la época, quienes encontraron en Bonao un escenario de brillo y rigurosidad técnica. Esta vibrante actividad consolidó en la memoria colectiva de la provincia una identidad de orgullo artístico, demostrando, que incluso en los periodos más oscuros de nuestra historia, el arte poseía una fuerza capaz de germinar y reclamar su propio espacio.

Demolición de la identidad y triunfo de la apatía: La fisonomía de ese orgullo arquitectónico y espiritual fue demolida a destiempo por la ignorancia de una clase política que confundió el rechazo al régimen con la destrucción de la memoria histórica, visto que la estructura original que sostuvo las míticas instalaciones de La Voz del Yuna debió conservarse y declararse como un patrimonio cultural sagrado para las futuras generaciones de la provincia Monseñor Nouel; sin embargo, en su lugar, la indignidad, la falta de conocimiento técnico y la más absoluta apatía permitieron que las influencias oficiales demolieran un monumento propiedad de Bonao, sustituyéndolo por una solución arquitectónica mediocre y con falta de visión estructural.

Lo que hoy se levanta sobre las cenizas de aquel glorioso patrimonio no es más que una edificación fría, reducida a cuatro paredes que carecen de la mística de antaño y que hoy alberga la Biblioteca Pública Municipal Profesor Juan Bosch, para colmo de males, esta cuestionable sustitución física se ejecutó al lado de un local de promoción partidaria, evidenciando cómo la política de pacotilla prefiere priorizar los intereses electorales antes que el resguardo del saber. Se trata de la viva estampa de un sistema que ha tomado la sartén por el mango y el mango también, alzándose con el santo y la limosna a costa del empobrecimiento espiritual de la ciudadanía.

El cáncer de la construcción sin continuidad: La dramática realidad que hoy asfixia a la Biblioteca Profesor Juan Bosch desnuda la gran debilidad estructural de los sucesivos gobiernos en la República Dominicana, ya que el Estado dominicano padece de una patología crónica: construye obras con bombos y platillos para el beneficio de la foto oficial, pero es absolutamente incapaz de darles seguimiento, mantenimiento y viabilidad en el tiempo, obteniendo como resultado directo de esta desatención sistemática, edificaciones públicas que con el tiempo sufren un acelerado deterioro a corto plazo, transformando lo que debió ser un templo del conocimiento en una ruina prematura y desigual.

Hoy en día, las filtraciones, el descuido de la planta física y las carencias presupuestarias mantienen a este centro al borde del colapso, constituyendo una afrenta directa al nombre del ilustre escritor e intelectual que la bautiza, como lo fue el profesor Juan Bosch. Resulta inaceptable que un Estado que recauda miles de millones de pesos por concepto de impuestos de sus ciudadanos, sea incapaz de garantizar la impermeabilización de un techo o el correcto funcionamiento de una sala de lectura. La cruda sospecha comunitaria es que los fondos públicos prefieren desviarse hacia el clientelismo y la corrupción, antes que invertirlos en la eficiencia y brillantez de una institución que representa el corazón cultural de Bonao.

La memoria literaria se desvanece: Dentro de esas paredes en decadencia descansa un tesoro invaluable. Cientos de miles de libros que constituyen el patrimonio intelectual de la comunidad, y de manera muy especial, el Stand de los Escritores de Bonao, ya que en esas estanterías amenazadas por la humedad y el hongo del olvido, se encuentra el legado literario de decenas de autores locales, hombres y mujeres que consagraron sus vidas a la palabra, además, muchos de estos escritores ya han partido del plano terrenal y no tienen voz física para defender sus obras, más aún, los que quedamos vivos libramos una batalla desigual para que sus nombres no sean sepultados por el polvo, la negligencia, el olvido y las trazas insectuales.

Fue precisamente bajo ese espíritu de resistencia y desprendimiento que, en enero de este año 2026, tomé la firme iniciativa de donar la mayor parte de mi biblioteca personal a la institución, tras haber leído minuciosamente cada volumen. El objetivo era noble y urgente: fortalecer el acervo de nuestros autores y ofrecer herramientas de superación a la juventud de Monseñor Nouel, una decisión de la cual, como ciudadano comprometido, jamás me arrepentiré, no obstante, la realidad actual nos asesta un golpe de agua fría al demostrar que de nada vale el sacrificio individual si el Estado no ofrece la más mínima garantía para la conservación física de estas obras literarias que hoy corren el riesgo del deterioro a destiempo.

Complicidad del Silencio Institucional: Ante este dantesco escenario de descomposición estructural, el silencio de las autoridades llamadas a defender la cultura se torna cómplice y alarmante. Sí, resulta obligatorio cuestionar públicamente: ¿Por qué la representación provincial del Ministerio de Cultura mantiene un mutismo absoluto y esquiva referirse a la crisis que adorna las precariedades de la biblioteca?. Este desapego oficial demuestra que para los burócratas de turno la cultura es un elemento puramente cosmético, un accesorio para discursos protocolares, pero nunca una prioridad real que merezca defensa presupuestaria o posturas firmes frente al gobierno central.

De igual forma, causa un profundo dolor la inacción de la Unión de Escritores de Monseñor Nouel (UEMON), entidad que se supone es la máxima representación del quehacer cultural y literario en la provincia; y aunque es de conocimiento público que su actual presidente no pertenece al clan del gobierno, ni responde a directrices oficiales, resulta inexplicable que el gremio sea incapaz de fijar una posición institucional contundente ante este atropello. Saber por qué se calla o por qué se mide el impacto de una crítica, en momentos donde el papel se pudre es una interrogante que la directiva de la UEMON le adeuda a la membresía y a la historia de un Bonao que se resiste a perder su luz en un edificio que prematuramente podría colapsar.

Lo oportuno sería actuar antes que tener que lamentar. “Cuando el dinero está por encima del interés cultural, difícilmente se trazan pautas para superar los males; mientras tanto, en Bonao, las letras siguen esperando por su dignidad”.

El autor es escritor y periodista 

Reside en Estados Unidos

Agosto 11, 2026