POR NÉLSON ABRÉU

CICLONOTICIAS.NET

Hay un horizonte en el que los sucesos dejan de ser solamente posibilidades y comienzan a manifestarse. Allí, el espacio ofrece el lugar, el tiempo ofrece el tránsito y la energía hace posible la transformación, pero cuando esas dimensiones convergen en una existencia concreta, aparece el cuerpo, el cuerpo como encarnación cuatridimensional del acontecimiento.

El cuerpo no está simplemente dentro del espacio y del tiempo. El cuerpo atraviesa el espacio, transcurre en el tiempo, recibe y transforma energía, y con ello convierte el acontecimiento en experiencia.

Por eso, una hora puede pasar sin dejarnos nada, mientras un instante puede contener una transformación.

La diferencia no está necesariamente en la cantidad de tiempo transcurrido, sino en la densidad del acontecimiento que logró encarnarse en ese tiempo. Una hora puede ser solamente de duración. Un instante puede convertirse en umbral.

Y quizá por eso el reloj no mide verdaderamente lo que somos. El reloj registra una sucesión; el cuerpo registra una encarnación. El primero señala que el tiempo pasa; el segundo revela que algo ha sucedido dentro de ese tiempo.

En el horizonte de los sucesos, cada acontecimiento encuentra sus coordenadas: espacio para aparecer, tiempo para acontecer, energía para transformarse y cuerpo para encarnarse.

Así, el instante deja de ser una simple fracción del reloj. Puede convertirse en el punto en que una información, una decisión, un encuentro o una gracia atraviesa la existencia y modifica su dirección.

Entonces comprendemos que vivir no es solamente ocupar un lugar durante un determinado tiempo.

Es encarnar acontecimientos dentro de un espacio-tiempo energético, haciendo que aquello que estaba como posibilidad pueda adquirir realidad.

Y allí, precisamente allí, un instante puede contener una transformación que una hora entera no consiguió producir.

El autor es Licenciado en derecho e ingeniero agrónomo

Reside en Bonao

Agosto 18, 2026